Málaga, 31 de enero de 2026
Po Jorge Mir Mayor
Siempre he pensado que los grandes del tenis se parecen a
los hackers informáticos. Porque antes
de ejecutar, entienden. Y en ese terreno, Novak Djokovic juega en otra liga
desde hace muchísimos años.
Un hacker informático comprende el sistema desde dentro y
sabe atacar en el momento justo.
En el tenis, el sistema es el rival: sus patrones, sus
automatismos, sus miedos cuando el plan A deja de funcionar. El tenis de élite
se decide por la técnica , el físico, la mentalidad y por quién procesa mejor
la información bajo presión para utilizar la táctica correcta.
Djokovic ha construido su carrera ahí. No impone siempre un
estilo; impone una pregunta. Obliga al rival a jugar un punto más, a tomar una
decisión incómoda, a salirse de lo que le da seguridad. Lee, prueba, ajusta. Y
cuando parece que ya está descifrado, cambia las claves. Alturas, ritmos,
direcciones. No gana repitiendo, gana adaptándose.
Carlos Alcaraz representa otra forma de hackear el juego.
Menos paciente, más directa.
Alcaraz no espera, lee rápido y decide rápido. Su tenis no
está diseñado para resistir el sistema del rival, sino para romperlo antes de
que se estabilice.
Cada desplazamiento tiene un propósito: llegar pronto para
mandar.
Evitar el intercambio largo si no le conviene. Tomar la
iniciativa incluso cuando el margen es pequeño.
Desde el banquillo, en semifinales, su entrenador le dice:
“suelta todo”. No es una orden de potencia, es una orden para un hacker asesino
que tiene la claridad de utilizar su magia y romper todos los sistemas del
rival.
Ahí está la diferencia clave. Djokovic gana tiempo. Alcaraz
lo quita. Uno desarma el sistema poco a poco; el otro intenta colapsarlo.
Por eso una final entre ambos en Australia no es solo un
partido. Es un choque de lecturas. El jugador que mejor protege sus claves
contra el que mejor ataca las ajenas. Va a ganar quien antes entienda qué
pregunta está haciendo el otro… y se atreva a responderla con seguridad y
determinación.
Saludos. Jorge Mir

