Málaga, 17 de junio de 2026
Por Jorge Mir Mayor
Un jugador puede correr mucho y estar perdido. Puede llegar
a muchas bolas, luchar cada punto y golpear fuerte, pero si no sabe dónde está
dentro de la pista, su tenis empieza a desordenarse.
Por eso me gusta hablar de la brújula del tenista.
Porque en tenis no basta con moverse. Hay que orientarse.
Hay que saber si estás atacando, defendiendo, recuperando o simplemente
sobreviviendo. Y, sobre todo, hay que saber volver al eje.
Para mí, la pista tiene cuatro zonas muy claras.
El Norte es la zona donde el jugador empieza a mandar. Es
cuando entra en pista, toma la bola antes, juega hacia delante y le quita
tiempo al rival. Pero cuidado: atacar no es pegar más fuerte sin pensar. Atacar
es estar bien colocado, leer bien la bola, elegir bien y jugar con decisión,
pero sin precipitarse.
Después está el Sur. El Sur aparece cuando el rival te
empuja hacia atrás, cuando tienes que defender, cuando tienes que recular o
cuando golpeas incómodo. Pero jugar en el Sur no es malo. El problema no es
retroceder. El problema es retroceder sin intención. El problema es defender
sin saber qué quieres hacer después.
Un buen jugador, cuando está en el Sur, no juega por jugar.
Defiende profundo, gana tiempo, aguanta con sentido, obliga al rival a jugar
una bola más y prepara su vuelta al centro.
Luego está el eje Este-Oeste. Ahí están los desplazamientos
laterales. Moverse a un lado, moverse al otro, llegar equilibrado, no romperse,
golpear con intención y recuperar después de cada golpe.
Muchos jugadores corren mucho, pero no todos corren bien.
Correr bien no es solo llegar a la bola. Es llegar con equilibrio, golpear con
sentido y volver a colocarse.
Y en el centro de la brújula está el eje del jugador. Ese
centro no es solo un sitio de la pista. También es un estado mental. Cuando un
jugador pierde el centro, empieza a llegar tarde. Cuando llega tarde, golpea
incómodo. Cuando golpea incómodo, decide peor. Y cuando decide peor, el punto
se le escapa.
Por eso la brújula del tenista no está solo en los pies.
También está en la cabeza.
Los pies te colocan. La cabeza te orienta. Y cuando las dos
cosas trabajan juntas, el jugador empieza a entender mejor la pista.
Si estás en el Norte, ataca sin precipitarte. Si estás en el
Sur, defiende con intención. Si estás en el Este o en el Oeste, desplázate,
equilibra y recupera. Y si estás en el centro, no te duermas: prepárate para la
siguiente bola.
Porque el tenis no se juega solo golpeando. Se juega
leyendo. Se juega orientándose. Se juega sabiendo dónde estás y qué tienes que
hacer desde ahí.
Por eso cada vez me gusta más decirle esto a un jugador:
No pierdas el norte.
No lo pierdas cuando el rival te empuje hacia atrás. No lo
pierdas cuando tengas una bola fácil y quieras acabar demasiado pronto. No lo
pierdas cuando te muevan de lado a lado. No lo pierdas cuando falles dos bolas
seguidas. No lo pierdas cuando el marcador apriete.
Porque muchas veces el error que vemos en el golpe empezó
antes. Empezó en una mala orientación, en unos pies mal colocados, en una
cabeza acelerada, en una decisión precipitada o en una pérdida del eje.
El buen jugador no es el que nunca se descoloca. Eso no
existe.
El buen jugador es el que se da cuenta rápido, vuelve al eje
y no pierde el norte.
En tenis, como en la vida, no se trata de no perderse nunca.
Se trata de saber volver.
Saludos. Jorge Mir Mayor






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