martes, 22 de agosto de 2017

El día que Rafa Nadal con 15 años ganaba su primer punto ATP en el Challenger Copa de Sevilla (2001)



Apenas tenía 15 años, pero conservaba las mismas señas de identidad que más tarde le han distinguido como el número uno del Emirates Ranking ATP que hoy luce en su carta de presentación. 

Era un lunes 17 de septiembre de 2001. La arena del Real Club de Tenis Betis quemaba desde primera hora de la mañana con el calor que castigaba las pistas de la Copa Sevilla. Un joven invitado sin ranking, al que se le presumía un enorme potencial, debutaba en un torneo ATP Challenger Tour en busca de su primer punto profesional. Era Rafael Nadal.

- ¿A ti con quién te ha tocado?
- Con un wildcard… Rafael Nadal.
- ¡Ah bueno! Ese chaval lo hace bien, pero es muy joven.

La conversación la recuerda su rival en primera ronda, el entonces No. 751 del mundo Israel Matos Gil, que acababa de superar la fase previa. Después del sorteo del cuadro, sus compañeros en el circuito le advertían de un peligro que ya había podido comprobado con sus propios ojos sólo unos días antes. “Había oído que existía un chico español que lo estaba haciendo muy bien y que despuntaba, pero siempre ha habido este tipo de comentarios. Sin embargo, lo vi jugar en su primer ITF Futures en Madrid contra uno de mis compañeros de entrenamiento, Guillermo Platel. Rafa no pudo ganar, tras dejar pasar multitud de puntos de partido, pero no perdió la actitud ni la compostura dentro de la pista”, señala el que acabaría siendo la primera víctima del manacorense.

“Al día siguiente, cuando llegamos al club a las ocho de la mañana, Nadal ya estaba entrenando. Me impactó que el mismo que había perdido un partido tan duro el día anterior fuese el primero en estar entrenando. Eso me hizo pensar que era un chico que había que seguir”. Y el tiempo le dio la oportunidad de medir la magnitud de aquel fenómeno emergente a la semana siguiente en Sevilla. En la primera ronda.

Un juego bastó para que Matos Gil entendiese que el niño de 15 años que se encontraba al otro lado de la red, que tantos halagos recibía de quienes antes lo vieron jugar, era un talento especial. “Era increíble ver su semblante en la pista, la mirada, el carácter. Ver cómo un niño tan joven era capaz de tener las cosas tan claras dentro de la pista. Cómo un niño era capaz de comportarse como un adulto, como si llevase jugando torneos de este tipo toda su vida”. Con descaro y sin complejos, arrancó con un break.“Me rompió el saque y lo celebró con ese gesto tan característico de levantar el puño y la rodilla”. 

Era Nadal en estado puro. Pasión y determinación se fundían en una raqueta que desde entonces entendía la victoria como único destino. “Hubo momentos de intensidad, de tensión, con puntos de break, pero en esos momentos difíciles siempre supo cómo reaccionar ante esas adversidades en las que les pude poner. No era normal. Había buenos chavales de su edad, pero él era otro jugador…”.
6-4, 6-4. El marcador se decantó del lado del balear, que aseguraba al menos sus primeros cinco puntos para el Emirates Ranking ATP. “Por entonces Nadal no tenía un juego tan agresivo, pero se movía muy bien, te hacía jugar todos los puntos y no te regalaba nada”, continúa describiendo Matos. “Su tenis ha progresado para ser más agresivo, pero en sus comienzos Nadal ganaba los puntos porque asfixiaba a los rivales. Metía diez o doce pelotas, aguantaba y apretaba, mientras que el otro no podía más y cedía. Así era en sus comienzos”.

Pero no sólo era su juego, también su figura. “En cuanto a su carácter e imagen, tenía 15 años y parecía de 20. Daba la sensación de que llevaba más años dentro de la pista de los que en realidad acumulaba. Jugué, perdí y supe que iba a dar qué hablar”, confiesa su víctima de aquella mañana sobre la arcilla andaluza que aún recuerda la conversación en la red. “Le dije que me había sorprendido cómo jugaba. Obviamente estaba enfadado, pero no era un enfado como otro cualquiera. Acababa de ver a un chaval muy joven comportándose en la pista de una manera especial. Le felicité como a poca gente después de una derrota”.


Su camino no fue más allá de la segunda ronda. El italiano Stefano Galvani, que acabaría levantando la corona de campeón, vio cómo el manacorense fue el único rival que logró arrebatarle un set en todo el torneo. “Desde pequeño se le veían cosas anormales en un chaval tan joven en un deporte tan exigente, en el que se requiere un equilibrio físico, mental, técnico y táctico. Ver cómo dominaba, sobre todo, el apartado mental y cómo controlaba las emociones asombraba”, sentencia Matos, un testigo privilegiado del día que Nadal ganó un punto [para el Emirates Ranking ATP] por primera vez.

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