Málaga, 17 de noviembre de 2025
Por Jorge Mir Mayor
Los niños que han visto a Rafa Nadal luchar en la pista,
ganar los Grand Slam, crecieron soñando con hacer lo que él hacía.
Hoy, los jóvenes ven a Carlos Alcaraz ganar en grandes
estadios, lo siguen en redes y también todos ellos sueñan con llegar… y quieren
llegar rápido.
Pero un día, cientos de miles de ellos en todo el mundo se
sorprenden diciendo: “¿De verdad el tenis era esto?”
Porque la distancia entre el sueño y la realidad es grande.
Los grandes no destacan por ser perfectos, sino por aceptar
sus imperfecciones y trabajar cada minuto para acercarse a algo que saben
inalcanzable.
Entienden que el tenis —como la vida— nunca es totalmente
perfecto.
El deporte del tenis sigue siendo igual de bello; lo que
cambian son nuestras expectativas. Y, a veces, aunque entrenes, luches y hagas
todo bien, simplemente no avanzas como esperabas.
Y esto les pasa a miles de jóvenes: sienten que su sueño se
tambalea al descubrir que este deporte no solo exige esfuerzo diario, sino
también constancia y una paciencia enorme.
Aceptar eso no es rendirse. Es crecer.
El tenis sigue siendo un regalo, incluso cuando el sueño no
se cumple.
Como entrenadores debemos recordarlo: el proceso es lento,
valioso y la imperfección forma parte del camino.
Y explicarles que, aunque no lleguen a la élite, siempre
queda lo mejor: disfrutar un partido con un amigo, con tu padre, con los
compañeros de la escuela, en un torneo social, etcétera.
Porque lo bonito del tenis no es solo llegar. Es quedarse. Y
disfrutarlo para toda la vida.
¿Cuál ha sido tu momento favorito en la pista?
Saludos. Jorge Mir

