El español supera a Walton en la primera ronda
El camino hacia la historia ha comenzado.
Carlos Alcaraz salió este domingo de la Rod Laver Arena con
una sonrisa en el rostro, consciente de haber dado un firme primer paso en un
evento de significado especial. El español, que busca en el Abierto de
Australia el único grande pendiente en su vitrina, superó por 6-3, 7-6(2), 6-2
al local Adam Walton y se llevó una ovación cerrada en la principal cancha del
torneo, entregada pese a perder a uno de los suyos. El detalle ilustra una
realidad: la historia pesa más que cualquier bandera.
"Estoy muy feliz por saltar a la pista por primera vez
esta temporada. No podía haber sido mejor, jugando en la Rod Laver Arena",
dijo Alcaraz. "Ha sido un buen partido. Me he sentido cómodo y Adam ha
conectado buenos golpes. El nivel ha sido bueno, así que tengo que intentar
mantenerlo".
El No. 1 del PIF ATP Rankings mira de frente a la leyenda
del deporte, convertido a sus 22 años en un icono de escala mundial. Si Alcaraz
consigue levantar el trofeo en Melbourne, será el sexto hombre de la Era
Abierta que ostenta en su palmarés los cuatro títulos del Grand Slam. La
compañía en la sala no sería cualquier cosa: Rod Laver, Andre Agassi, Roger
Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic escribieron los únicos precedentes. Y
Alcaraz sería el más joven de todos en conseguirlo.
Ese es el peso que descansa sobre los hombros del murciano,
capaz de asumir las expectativas con una naturalidad asombrosa.
El primer cabeza de serie se regaló un estreno a la altura de lo esperado. En el duelo que cerró la jornada en la Rod Laver Arena, con la noche del verano australiano como testigo, Alcaraz conectó sus golpes impasible a lo que genera a su alrededor. Para un jugador que ha completado hitos a la altura de muy pocos, cada golpe llevó la ilusión que alimenta a los grandes campeones: abrirse paso hacia algo inédito en sus carreras. Ese objetivo marcó todos los pasos en el primer choque del murciano, capaz de alcanzar la victoria en dos horas y cinco minutos de juego.
"Ha sido muy complicado encontrar los golpes
correctos", reconoció Alcaraz. "Sentí que siempre estaba bien
colocado. Los puntos han sido largos. Ha hecho un partido sólido desde la línea
de fondo y su pelota plana me ha puesto a veces en problemas. Me estuve
aclimatando a las condiciones y la pista, pero el partido ha sido sólido".
El partido fue, también, un ejemplo de la fiabilidad en la
trayectoria del español. Alcaraz ha logrado al menos una victoria en los
primeros 20 Grand Slam de su carrera, convirtiendo las primeras rondas en un
peligro totalmente medido.
Ahora, Alcaraz tendrá dos días por delante para pensar en el
reto de la segunda ronda en Melbourne Park. Al otro lado de la red, en un duelo
sin precedente en Grand Slam, encontrará al alemán Yannick Hanfmann, vencedor
por 7-5, 4-6, 6-4, 7-6(3) sobre el estadounidense Zachary Svajda. El español
domina por 1-0 el Lexus ATP Head2Head.
La primera semana de competición servirá, también, para
colocar a Alcaraz ante algo nuevo. Después de cerrar una etapa profesional con
Juan Carlos Ferrero, el entrenador que lo acompañó durante los últimos siete
años, el español buscará manejarse en la presión del Grand Slam lejos de los
ojos que le miraron desde que era un adolescente. Uno de los retos más seguidos
del ATP Tour en la temporada 2026.
Por encima de todo, Alcaraz camina en Melbourne con el
respeto ganado a pulso. El murciano es el único jugador del vestuario que ha
logrado ganar al menos un major en las últimas cuatro temporadas, marcando su
llegada a la cima del ATP Tour a base de constante autoridad. En Australia, con
la inercia de haber pisado las últimas tres finales de Grand Slam, algo sin
precedente en su carrera, la ilusión de ir un paso más allá: colocar la última
pieza pendiente en el puzzle.
