domingo, 18 de enero de 2026

LA SECCIÓN DE FREDDY SANTOS. "ESPECIALIZACIÓN TEMPRANA"



Málaga, 18 de Enero de 2026

Por Freddy Santos







A los cinco años ya componía y viajaba por el mundo con su familia. Era el más joven de siete hermanos y tenía un don, un don para la música en una familia donde todos eran músicos. 


Un don que fue cultivado a las faldas de su hermana María Anna y luego guiado hacia el éxito y el rédito por su progenitor Leopold, también un experimentado músico. Mozart era un genio y dedicó todo su tiempo a su genialidad. No tuvo infancia ni fue niño: fue músico toda su vida.


Beethoven ya era Beethoven a los 12 años. Su padre lo levantaba a golpazos para que entretuviera con su música a sus compadres de borrachera.


Las redes sociales se inundan de niños de tres, cuatro, cinco o seis años empuñando una raqueta como si fueran profesionales. No parecen estar jugando, de las imágenes se extrae que están ejerciendo una actividad con disciplina prusiana en busca de un futuro competitivo y en aras de una potencial, fulgurante y prometedora carrera. ¿Cuántos de esos aparentemente precoces talentos serán excepcionales en su arte y a cuántos les frustrará esa exclusividad de tarea orientada solo al éxito y al rendimiento desde tiernas edades?

 

No lo sabemos.

Tampoco sabemos si Mozart y Beethoven fueron unos infantes desgraciados o satisfechos, pero sí que alcanzaron la inmortalidad en sus disciplinas.


No voy a entrar en la valoración moral o educacional de si un niño debe dedicar casi todo su tiempo al aprendizaje o dominio de una sola habilidad, pero sí voy a reflexionar sobre si nuestro deporte, el tenis, exige una especialización temprana para llegar a ser un gran jugador de élite.


La especialización deportiva temprana se define como el entrenamiento intensivo o la dedicación a la competición (en menores de 12 años) durante más de ocho meses al año, con un enfoque en un solo deporte, con exclusión de otros deportes y juegos gratuitos. 

La especialización moderna es un tema mucho más grave de lo que era antaño, porque a veces implica la ausencia de otras actividades complementarias que antes se suplían con la gran escuela del mundo: el patio o la calle.




Esta falta de actividad diversificada en los jóvenes conduce a un mayor riesgo de lesiones y agotamiento.La diversificación temprana conduce a resultados superiores.


¿Pero podemos demostrar esto? En mi opinión, sí.

Antes teníamos la calle. La calle era el mejor gimnasio del mundo para la diversificación de movimientos y el enriquecimiento de las denominadas habilidades motrices básicas (lanzar, golpear, recibir, saltar, girar, etc.).




Esto dotaba al niño de un excelente bagaje de movimientos y de una conciencia de su propio cuerpo que luego podía aplicar en el dominio de técnicas más complejas, desde el punto de vista coordinativo, aplicadas a las disciplinas deportivas. Además, la calle te regalaba de paso otro aprendizaje impagable: las experiencias de cohabitar en un grupo y desenvolverte en él con genio e ingenio. 



Esta calle sigue presente aún en pueblos pequeños y países del tercer mundo; por ello, a los niños de países como Uganda, les das una raqueta y en quince minutos te golpean la pelota con una técnica que fluye con bastante naturalidad. La pobreza no te da habilidad, pero la calle sí.


La calle casi ha desaparecido del día a día de nuestra infancia y ha sido sustituida en los países del primer mundo por mil actividades supervisadas, dirigidas y especializadas casi desde el momento uno. Esa especialización, lejos de lograr avances más rápidos, ralentiza el enriquecimiento motriz y puede provocar frustración.


Pondré un ejemplo de especialización extraído de mi deporte que ilustra lo que intento defender. 

Sacar (en tenis) es un movimiento complejo y que exige grandes habilidades de coordinación entre segmentos musculares, además de determinada fuerza en músculos y tendones que aún no se han utilizado mucho en edades prepuberales (menores de 12 años). Muchos alumnos tienen verdaderos problemas para realizar de forma eficiente y eficaz este movimiento y, como es un golpe muy importante para competir, se frustran ellos y sus entornos. Sacar es una actividad que exige una compleja coordinación y necesita del desarrollo de cualidades previas.

Por tanto, la solución de repetir y repetir el mismo movimiento, dando a los alumnos un exceso de información que no pueden asimilar, no suele acortar el proceso. La repetición sin control conlleva lesión y, si no hay variabilidad en la práctica, el músculo aprende más despacio y torpemente. Sí, los músculos tienen memoria y aprenden. 


El servicio dependerá de que la musculatura aprenda cuánta fuerza y cuándo debe imprimir a cada segmento, qué grupos musculares deben contraerse y cuáles inhibirse. Esas órdenes las da el cerebro y llegan a través de las conexiones neuromusculares; estas aprenden a hacerlo cada vez mejor a base de práctica y experiencia, y esto se logra más rápido y de forma menos lesiva con la multitarea, es decir, realizando otros deportes.


Antes de enseñar al niño cómo ejecutar un servicio, se debe enseñar a lanzar verticalmente una pelota, a percibir un punto de golpeo alto, a lograr armonía y ritmo en los brazos haciendo cada uno diferentes acciones, a saltar verticalmente y atrapar un objeto, saltar y lanzar, etc. (todas ellas habilidades motrices básicas que se pueden adquirir en otros deportes o actividades).


Un niño o niña que lanzó palos o piedras está más preparado para aprender a sacar que un niño que, saltándose lo anterior, empuñe su raqueta por primera vez.


El entrenamiento cruzado es la práctica de varios deportes y logra que se mejore el rendimiento en uno de ellos.


Es decir, lanzar jabalina, hacer malabares, tirar piedras, jugar al básquet, al vóleibol, al béisbol, bailar, etc., pueden hacer mejorar nuestro servicio de tenis casi igual que si solo estuviéramos realizando servicios de tenis, porque estarán desarrollando las cualidades que necesitaremos para avanzar en la técnica del saque.


Otra manera de explicarlo: el movimiento depende de unas cualidades condicionales (fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad) más unas capacidades coordinativas. Las primeras dependen de la genética, el desarrollo y el entrenamiento; las segundas son las que organizan el movimiento y se aprenden (estas cualidades son capacidad de adaptación, acoplamiento, diferenciación, equilibrio, reacción, orientación y ritmo). De la mejora de estas capacidades depende, y mucho, nuestro rendimiento y aprendizaje deportivo.


Cuanto mayor sea el nivel de estas capacidades coordinativas, mayor será la velocidad y eficacia con la que se aprenden nuevos movimientos. Es decir, guiar al niño o niña hacia actividades que le ayuden a mejorar esas capacidades coordinativas repercutirá, y mucho, en su habilidad posterior para adquirir y progresar en un determinado deporte.


Aunque os suene hereje, se puede avanzar más fuera de una pista de tenis que dentro, y llegado el momento de especializarse, toda esa multitarea cristalizará.


La especialización no debería llegar jamás antes de los 13 o 14 años y debería ser combinada con la práctica de otros deportes de forma complementaria al menos hasta los 17 (lógicamente, cada individuo es un camino diferente).


La formación multidisciplinar dota al deportista de multitud de herramientas y experiencias que le ayudarán a tener más éxito en su formación deportiva futura. No es una pérdida de tiempo, es una inversión.


Aun así, muchos entrenadores, padres e instituciones verán en la especialización temprana un camino para obtener una ventaja competitiva sobre los competidores. Es lógico que al principio sea así: muchos jugadores están sobre adaptados a su medio deportivo y aventajan a los demás en horas de práctica y competiciones, pero este avance puede ser un espejismo, porque en este caso aventajar es similar a avejentar, y esos jugadores que parecen viejos antes de tiempo a veces tienen que frenar o volver sobre sus pasos para llenarse de las experiencias que su especialización excesiva les privó.


No existe ningún estudio que concluya que el tenis de élite exige una especialización desde la tierna infancia (dedicación no exclusiva ni excluyente, sí). Ferrero, hasta los 14 años, jugaba al fútbol y al frontenis; Federer compaginaba tenis, hockey y esquí; Nadal era un excelente futbolista; Navratilova llegaba con heridas de patear balones en su barrio, y así tenéis infinitos casos. Muchísimos de los mejores deportistas tienen una infancia repleta de riqueza y experiencia motriz, o bien a través de otros deportes o por el ambiente y barrio donde vivían. No son niños cuya vida transcurra entre una pista de tenis y el salón de su casa.


La especialización temprana no garantiza que el participante se haga más experto en tenis (le hace a veces experto más pronto que otros, pero en una carrera de muchos kilómetros adelantarse unos pocos metros al principio solo puede ser un espejismo).


En un mundo perfecto e ideal, la especialización sería una progresión natural impulsada por el jugador y no por sus padres o entrenadores. Es más, deberíamos animar a todos nuestros jugadores (de cualquier edad) a ser participativos en otros deportes y actividades, porque muchas de las habilidades que les están frenando en una pista se pueden adquirir también más fácilmente y, a veces, de forma harto divertida fuera de ella.


«La tortuga puede hablar más del camino que la liebre».



2009-2017, "LA ÉPOCA DORADA DEL TENIS MALAGUEÑO", ¿DAVIDOVICH?. Álbum de tenistas malagueños.