Málaga, 11 de enero de 2026
Por Jorge Mir Mayor
Antonio Gala decía que el sufrimiento no es un castigo, sino una experiencia
Si no lo enfrentas, se queda; si no lo aprendes, se repite.
Por eso, muchas veces seguimos viviendo desde la herida, cargando con dolor que
no hemos superado.
En el tenis profesional esto se nota aún más. La felicidad
de una victoria dura poco. Al día siguiente hay otro rival, otro partido, otro
marcador que exige lo mismo. Incluso tras ganar un torneo, la alegría se mezcla
con entrenamientos, viajes y nuevas expectativas. El circuito no se detiene.
La derrota, en cambio, enseña de otra manera. Duele, obliga
a mirar hacia adentro, a encontrar errores, límites y formas de mejorar.
Como dice Alex Corretja, el tenis de alto nivel es “una
trituradora psicológica”: muestra debilidades, saca fortalezas ocultas y obliga
a crecer. No todos lo logran. Algunos se quedan atrapados en su dolor y repiten
errores; otros salen más fuertes y conscientes de sí mismos.
La felicidad tiene su valor: enseña a disfrutar y a
agradecer. Pero rara vez obliga a cuestionarse o a enfrentar lo que duele. Y,
paradójicamente, es en esas derrotas, en ese esfuerzo constante, donde se
aprenden las lecciones más importantes.
En un deporte donde la alegría es breve, el verdadero
crecimiento llega con la adversidad y es cuando el tenista empieza, de verdad,
a evolucionar.
Saludos. Jorge Mir

