Ambos son rápidos, pero la diferencia está en la intención.
Alcaraz se mueve para mandar en el punto, no para alargarlo.
Cada desplazamiento le sirve para colocarse mejor y golpear desde una posición
dominante.
Durante el partido se aprecia cómo lee el juego y anticipa,
evitando quedar atrapado en intercambios incómodos.
No corre por correr: ajusta distancias, prepara el golpe
siguiente y decide con claridad.
Frente a un rival tan veloz como De Miñaur, esa capacidad
para variar velocidad, altura y dirección marca la diferencia y le permite
imponer su ritmo.
En uno de los momentos clave del partido, su entrenador
Samuel López le dice desde el banquillo: “suelta todo”. No es una orden de
pegar más fuerte, sino de confiar plenamente en la decisión tomada. Es el
mensaje que resume su tenis: compromiso total con cada golpe, sin dudas ni
medias tintas.
Esa claridad táctica se traduce en confianza. Alcaraz sabe
cuándo acelerar y cuándo construir; no depende del error del rival, lo provoca.
Esa mentalidad, unida a su lectura del juego, le permite
competir con personalidad incluso ante jugadores que destacan por su defensa y
constancia.
Saludos. Jorge Mir

