Málaga, 23 de abril de 2026
Por Jorge Mir Mayor
Incluso para los números uno como Carlos Alcaraz, el tenis no es felicidad.
Es frustración repetida. Es encadenar errores absurdos, perder
un juego que tenías ganado y notar cómo el partido se te escapa sin saber por
qué.
Es fallar una bola fácil con todo a favor.
Es dudar cuando no puedes permitirte dudar. Es entrenar
horas, días, meses… y no ver nada claro.
En una pista nadie te debe nada. No hay excusas. No hay
refugio.
O respondes, o te rompes ahí mismo.
La paciencia no es una virtud aquí: es una carga.
Porque sabes que la necesitas, pero también sabes que puede
que no llegue nada a cambio.
Y aun así sigues.
Porque a veces—muy pocas—todo encaja.
La bola suena limpia. Las decisiones salen solas. El partido
se ordena. Ganas.
Y en ese instante mínimo, casi ridículo comparado con todo
lo demás, entiendes por qué no te has ido.
Pero no te confundas: el tenis no está para hacerte feliz.
Está para ponerte al límite.
Y si no te vas, es porque ya forma parte de quién eres.
Saludos. Jorge Mir

