Málaga, 29 de enero de 2026
Por Jorge Mir Mayor
Altura mata… si no sabes moverte.
Ningún ganador ha medido menos de 1,80 y la mayoría se mueve
entre 1,85 y 1,91.
Djokovic, con 1,88, ha ganado nueve veces. Sinner, con 1,91,
las dos últimas ediciones.
Sí: la altura importa, sobre todo para el saque, el alcance
y las palancas más largas. Pero en Australia, la altura por sí sola no decide
títulos. Lo decisivo es cómo un jugador gestiona su cuerpo en intercambios
largos y bajo calor extremo.
Este torneo premia el físico, los peloteos prolongados, el
saque y el primer golpe, pero sobre todo la movilidad sostenida y la eficiencia
biomecánica. Ser alto ayuda… solo si sabes moverte bien y mantener un centro de
gravedad bajo durante todo el partido.
Djokovic domina Melbourne como nadie. Su altura es ideal,
pero lo que realmente marca la diferencia es su eficiencia biomecánica: su
capacidad para mantenerse flexionado, moverse rápido y sostener intercambios
largos sin que sus golpes se degraden.
Zverev, con 1,98, tiene un gran saque y mucha potencia, pero
su problema no es la altura en sí, sino cómo la gestiona. No mantiene una
flexión constante ni un centro de gravedad bajo en partidos largos y con calor,
y sus golpes pierden eficacia con el paso de las horas.
Sinner es el ejemplo perfecto: alto, potente y con una base
de piernas brutal que le permite mantenerse flexionado y repetir gestos
técnicos durante horas sin perder equilibrio en cada golpe.
Carlos Alcaraz, con 1,83, no encaja en el prototipo del
campeón australiano, pero lo compensa con un centro de gravedad bajo, gran
flexión, potencia de piernas y una explosividad que le permite defender y
atacar en la misma jugada, además de un plus de visión de juego y virtuosismo.
Conclusión: en el Open de Australia gana quien mejor
gestiona su cuerpo, su movilidad y su mecánica durante horas de exigencia
extrema.
Saludos. Jorge Mir


