Conozco a Álex Corretja desde hace muchos años y siempre me
ha tratado con una cercanía y un respeto que no se olvidan.
No somos amigos de ir a cenar y hablar de mil cosas. Cuando
hablamos, casi siempre hablamos de tenis. Pero congeniamos. Y esa palabra es
preciosa, porque no va solo de tenis: va de sentirlo de una manera parecida, de
entenderlo y de mirarlo con la misma honestidad… y eso, al final, también dice
mucho de cómo miras la vida.
De Álex solo puedo decir cosas buenas. No hace ruido, no
busca foco, no necesita demostrar nada. Ayuda porque le nace, escucha porque le
importa y comparte porque entiende que el tenis —como la vida— se entiende
mejor cuando se comparte.
Tiene una forma muy limpia de analizar, de explicar y de
sentir este deporte. Sin postureo, sin intereses ocultos, sin frases vacías. Lo
hace desde siempre y de corazón. Y eso se nota tanto cuando habla en público
como cuando lo hace en privado.
Tuve la suerte de charlar con él durante dos horas y media
en el programa que hacía en directo en Instagram, “Otra mirada al tenis”. Fue
una conversación maravillosa. El destino quiso que no se grabara la voz y solo
quienes estuvieron en directo pudieron disfrutar de sus conocimientos y de sus
experiencias. A veces, lo mejor pasa así: sin quedar registrado… pero
quedándose dentro.
Gracias a su ayuda y a la fuerza que tiene en redes, el Día
Nacional del Tenis salió adelante. Sin su implicación, sinceramente, no habría
tenido impacto.
Y en muchas retransmisiones, viendo jugar a Rafa o a Carlos,
ha tenido el detalle de mencionarme hablando de algún artículo, alguna idea o
maneras que tengo de entender el tenis.
Gestos que no son obligatorios y que dicen mucho de quien
los tiene. Porque eso solo lo hacen los grandes. Los grandes de verdad.
Por todo esto hoy quería decirlo públicamente.
Gracias, Álex.
Jorge Mir Mayor

