El español disputará por primera vez en su carrera el
segundo Grand Slam del año
Hace apenas un año, Rafael Jódar estaba terminando su etapa universitaria en Estados Unidos, cerrando una experiencia que le ayudó a crecer como jugador y como persona, compitiendo en el circuito universitario con la Universidad de Virginia y empezando a mirar de reojo hacia el profesionalismo.
Doce meses después, el madrileño aterriza en París como cabeza de serie (No. 27)
en Roland Garros, preparado para disputar por primera vez el cuadro principal
del Grand Slam sobre tierra batida y convertido en una de las grandes
irrupciones de la temporada.
El recorrido ha sido tan rápido que casi obliga a leerlo dos
veces. De los Challengers, la clasificación para las Next Gen ATP Finals
presented by PIF y las primeras experiencias ante los mejores jóvenes del
mundo, Jódar ha pasado a instalarse en los torneos ATP, a descubrir escenarios
nuevos casi cada semana y a presentarse en Roland Garros con una etiqueta que
pocos podían imaginar hace un año: la de cabeza de serie en un grande.
“Llegué aquí hace dos días y estoy muy ilusionado por
competir en este torneo por primera vez”, explicó Jódar antes de su debut ante
Aleksandar Kovacevic. “Va a ser mi primer Grand Slam sobre tierra. Estoy muy
emocionado e intento prepararme de la mejor manera posible para mi primer
partido el lunes”.
La frase resume bien el momento. Hay entusiasmo, pero
también una calma llamativa. Hay novedad, pero no vértigo. Hay un escenario que
durante años vio por televisión, pero también la sensación de que Jódar no ha
llegado a París únicamente para hacerse una foto con el cartel del torneo.
Llega después de meses en los que todo lo nuevo, lejos de intimidarle, ha
parecido empujarle hacia delante.
“Han sido buenos meses para mí”, reconoció. “He disfrutado
mucho del proceso, de jugar Challengers al final del año pasado, de
clasificarme para las Next Gen ATP Finals y tener la oportunidad de competir
contra los mejores jugadores jóvenes. Y este año, jugar torneos ATP en España y
por todo el mundo ha sido muy especial para mí porque es el primer año.
Descubrir todos los torneos siempre es algo muy especial. Estoy intentando
acostumbrarme a todo esto”.
Acostumbrarse. La palabra parece pequeña para describir lo
que está viviendo, pero encaja con la forma en la que Jódar está gestionando su
ascenso. No habla como alguien desbordado por la velocidad del viaje. Tampoco
como quien quiere esconder la ambición. Habla desde una mezcla de prudencia y
confianza, consciente de que su presente ha cambiado, pero sin permitir que el
nuevo ruido altere demasiado lo que le ha traído hasta aquí.
Esa ha sido una de las claves de su irrupción: competir como
si cada escenario nuevo fuese una extensión natural del anterior. Donde otros
necesitan tiempo para aclimatarse, Jódar ha ido respondiendo con tenis. En
torneos grandes, ante jugadores con más recorrido, en pistas que no había
pisado antes y con una exposición cada vez mayor, el madrileño ha encontrado
una forma de seguir siendo él.
“Sé que es difícil porque todos aquí juegan muy bien y todos
intentan dar su mejor nivel”, explicó. “Pero yo intento jugar mi tenis en todos
los torneos, imponer mi estilo. Y si las cosas no van bien, trato de aceptar la
situación y ser consciente de que tengo soluciones para arreglar lo que está
ocurriendo en el partido. Creo que poner mi juego sobre la pista ha sido una de
las claves para hacerlo bien en estos últimos torneos”.
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fundación y un proyecto global
Ese punto, el de aceptar sin desordenarse, también aparece
cuando se le pregunta por los nervios. En una carrera que todavía se está
construyendo, Jódar ya transmite una idea muy clara: los partidos no se ganan
sólo cuando todo fluye. También se construyen cuando hay que corregir, esperar,
adaptarse y resistir.
“Intento hacer lo que siempre he hecho: imponer mi juego”,
señaló. “Y si mi juego no está funcionando, intentar adaptarme un poco al
partido, como ya hemos visto en encuentros anteriores esta temporada. Saber que
los partidos son muy largos, que pueden dar muchas vueltas y que no porque vaya
muy bien al principio significa que vayas a ganar, o al revés, porque empiece
muy mal el partido puedes acabar dándole la vuelta. Sobre todo aquí, en Grand
Slam, los partidos son muy largos y puede pasar cualquier cosa”.
Ese será precisamente uno de los grandes retos de su estreno
en París: el formato a cinco sets. Jódar ya ha vivido experiencias importantes
en su corta carrera, pero Roland Garros le colocará ante una exigencia
distinta, física y mental, en una superficie donde los partidos pueden abrirse,
cerrarse y volver a empezar varias veces dentro de la misma tarde.
“Será una nueva experiencia, jugar a cinco sets”, admitió.
“Intentaré dar lo mejor que tenga ese día. Todo el mundo aquí juega muy bien,
te puede complicar las cosas desde el primer día. Hay que intentar estar física
y mentalmente lo mejor preparado posible y saber que los partidos pueden dar
muchas vueltas. Hay que estar ahí porque todo puede pasar en un partido tan
largo”.
La palabra disfrutar aparece varias veces en su discurso,
pero no como una frase hecha. Para Jódar, disfrutar no significa quitarle
importancia al resultado. Significa entender dónde está, lo que ha recorrido y
el privilegio competitivo que supone empezar a probarse en lugares que antes
sólo existían como aspiración.
Roland Garros, además, no es un torneo cualquiera para un
tenista español llamado Rafa. La sombra de Nadal forma parte del paisaje de
París, de sus pasillos, de su pista central y de la memoria reciente del
torneo. Jódar no esquiva la comparación, pero la coloca en el sitio adecuado:
admiración, no carga.
“Rafa ha hecho cosas enormes en este torneo”, dijo sobre
Nadal. “Es increíble lo que ha conseguido aquí. Cuando estás en el torneo y
juegas el torneo, aprecias de verdad y das importancia a lo que ha hecho
ganando 14 veces. Es algo único”.
También aparece Carlos Alcaraz, inevitable referencia para
cualquier joven español que irrumpe en el circuito con fuerza. Jódar vio desde
Madrid la final del año pasado entre Alcaraz y Jannik Sinner, recién regresado
de Estados Unidos, y la recuerda como uno de esos partidos que permanecen.
“Vi la final en casa, en Madrid, justo había vuelto de
Estados Unidos”, explicó. “Fue un gran partido por parte de los dos, no solo de
Carlos, que fue quien ganó la final. Creo que fue un partido de altísimo nivel
y lo disfruté mucho viéndolo por televisión. Fue una final épica que siempre
será recordada”.
Pero si algo tiene claro Jódar es que compartir país con dos
nombres enormes no garantiza nada. Ni tampoco obliga a vivir pendiente de una
comparación permanente. Su mensaje, en ese sentido, fue nítido.
“Ser del mismo país que Carlos y Rafa no significa que vayas
a conseguir las mismas cosas que ellos han conseguido”, afirmó. “Yo sólo
intento seguir mi propio camino, hacer mi carrera y disfrutar del proceso,
porque es increíble estar en todos estos lugares jugando contra estos grandes
jugadores”.
Ese camino propio también pasó por una decisión poco
habitual en el tenis español de élite: la vía universitaria. Jódar eligió
Virginia, compitió allí y guarda esa etapa como un capítulo fundamental, no
como un desvío.
“Fue un gran año para mí”, explicó. “Aprendí mucho, jugué
muchos partidos y me desarrollé mucho como tenista y como persona. Pude vivir
solo, sin mis padres, con los entrenadores apoyándome, obviamente, y también
con mis compañeros. Ellos siempre querían lo mejor para mí. Fue una gran
experiencia. Tengo muy buenos recuerdos de mi año en la Universidad de Virginia
y fue otro capítulo en mi carrera”.
De aquella etapa a este Roland Garros hay una distancia
enorme en términos de foco, exigencia y contexto. Pero Jódar insiste en mirar
su nueva condición de cabeza de serie con naturalidad. No como una presión
añadida, sino como una consecuencia del trabajo reciente y una ventaja
competitiva concreta: evitar a otro favorito en primera ronda.
“Lo llevo bien”, dijo. “Al final soy cabeza de serie, lo que
me permite no jugar con un cabeza de serie en primera ronda, y así es como lo
veo. Tengo la oportunidad de ser cabeza de serie en este Grand Slam. Es verdad
que no juego contra ningún cabeza de serie en primera ronda, pero todos los
jugadores aquí juegan muy bien. Vemos todos los partidos buenos que hay desde
primera ronda y que todo el mundo puede ganar a todo el mundo. No me pongo
ninguna presión extra. Solo me da motivación para intentar hacerlo lo mejor
posible y hacer un buen papel aquí en Roland Garros”.
Ese será el equilibrio de su debut: aprovechar la
oportunidad sin convertirla en obligación. Jódar sabe que su progresión le ha
puesto en el radar, pero también que un Grand Slam no concede demasiado margen
a los relatos bonitos. En París no bastará con llegar lanzado. Habrá que
confirmar día a día, set a set, bola a bola.
Por eso, cuando se le pregunta con qué quedaría satisfecho
de este primer Roland Garros, no se va hacia una ronda concreta ni hacia un
objetivo de mínimos. Su respuesta conecta con la lógica que ha repetido durante
toda la rueda de prensa: jugar bien, competir con sentido y marcharse de la
pista sin reproches.
“Cuando acabe el torneo, si he disfrutado en la pista y he
dado mi mejor nivel, da igual el resultado”, aseguró. “Si salgo de la pista y
siento que he dejado todo, que no he podido hacer nada más, con eso me
conformo”.
París medirá ahora la velocidad de su ascenso en el
escenario más simbólico posible para un español de tierra batida. Jódar llega
como debutante, sí, pero no como un desconocido. Llega con el impulso de una
temporada que ha cambiado su estatus, con la madurez de quien ha aprendido
rápido en contextos nuevos y con la serenidad de quien entiende que el ruido
alrededor no debe modificar el trabajo de dentro.
Hace un año estaba en otra vida competitiva. Ahora camina
por Roland Garros como cabeza de serie. Entre una imagen y otra cabe buena
parte de lo que explica este momento: un proceso acelerado, una adaptación
natural y un jugador que, incluso en medio de la novedad, parece decidido a
seguir haciendo lo mismo que le ha traído hasta aquí.
Imponer su tenis. Aceptar lo que venga. Y disfrutar del
camino.
