El español cedió ante Zverev en cuartos de Roland Garros
Rafael Jódar dejó Roland Garros en los cuartos de final, pero no salió de París con una sensación de cierre. Más bien con una lista larga de cosas nuevas.
Nuevos escenarios, nuevos formatos, nuevos rivales,
nuevas exigencias físicas, nuevas respuestas y una primera experiencia en la
Philippe Chatrier que, aunque terminó con derrota ante Alexander Zverev, añadió
otro capítulo a un torneo que ya forma parte del punto de partida de su carrera
profesional.
El español, que disputaba apenas el segundo Grand Slam de su
vida, alcanzó los cuartos de final en París después de una semana y media que
le obligó a acelerar casi todos los aprendizajes posibles. Ganó partidos
largos, remontó, compitió ante jugadores con mucho recorrido, se instaló por
primera vez en la segunda semana de un major y terminó midiéndose a uno de los
grandes nombres del circuito en la pista central de Roland Garros. La derrota
no borró nada de eso. Al contrario, le permitió ordenar lo vivido con una calma
muy reconocible en su discurso.
“Aprendí mucho”, resumió. “Jugar tantos partidos en un
torneo nuevo te da mucha experiencia, especialmente cuando surgen situaciones
en los partidos que son nuevas para mí. Solo había jugado en Australia a cinco
sets, así que creo que estos torneos largos, al final, te dan mucha
experiencia”.
Ahí está una de las claves de su balance. Jódar no quiso leer el torneo únicamente desde el resultado, sino desde la cantidad de información que se lleva. Roland Garros le puso delante contextos que no se pueden reproducir en un entrenamiento: la duración de los partidos, la gestión de la energía entre rondas, la tensión de los momentos importantes y la necesidad de competir varios días seguidos bajo una presión creciente.
“Si los analizas bien después de los partidos, creo que
puedes sacar muchas conclusiones”, explicó. “Puedo decir que he podido competir
contra jugadores muy buenos y que tengo la oportunidad de que, si sigo
haciéndolo bien, sigo creyendo en mí mismo y sigo trabajando duro, podré elevar
mi nivel gracias a estos partidos”.
La frase no suena a consuelo. Suena a diagnóstico. Jódar se
marcha de París con la sensación de haber comprobado algo, pero no de haber
completado nada. En un jugador de 19 años, esa diferencia importa. El torneo le
ha confirmado que puede estar en rondas grandes, pero también le ha dejado
claro que todavía hay muchas capas por construir.
Cuando le preguntaron si empieza a verse en esos escenarios,
en las grandes pistas y en los grandes partidos, eligió una respuesta prudente.
“El tiempo dirá”, dijo. “Estoy contento con el torneo que he jugado, con mi
primera participación en París, pero soy consciente de que no porque haya
llegado a cuartos de final significa que siempre conseguiré estos resultados o
mejores”.
Esa frase evita una trampa habitual después de una irrupción
así. Un cuarto de final en Roland Garros puede disparar expectativas, abrir
comparaciones y cambiar el tamaño de la conversación alrededor de un jugador.
Jódar no se resistió al valor de lo conseguido, pero tampoco quiso convertirlo
en una promesa automática. Lo colocó en su sitio: una señal de que trabaja
bien, no una garantía de futuro.
“Significa que estoy haciendo las cosas bien”, añadió. “Es
mi primer año todavía en el circuito, creo que tengo un margen de mejora
bastante grande. Me quedo con eso. Este partido en la pista central de París me
da mucha experiencia y me permite saber cómo es jugar en una pista central en
un Grand Slam”.
La Philippe Chatrier, precisamente, fue una de las novedades
del día. Allí, donde el tenis español ha escrito algunas de sus páginas más
importantes, Jódar vivió su primer gran partido de cuartos. La respuesta del
madrileño fue llamativa por su naturalidad. No quiso envolver el momento en
solemnidad. Lo redujo a una idea sencilla, casi práctica.
“Lo tomo como un partido más”, explicó. “Es una pista muy
grande, pero sigue siendo una pista de tenis. He intentado dar lo mejor de mí.
Me quedo con la experiencia de jugar en la pista central de París y el próximo
año intentaré volver aquí y dar lo mejor de mí, sabiendo que todo puede pasar y
que en un año las cosas cambian mucho. No me impresionó en absoluto, fue solo
una pista más”.
Ese intento de normalizar lo extraordinario también ayuda a
entender cómo ha atravesado estas dos semanas. Jódar no ha negado la dimensión
de lo que estaba viviendo, pero ha tratado de no jugar desde el
deslumbramiento. Ni cuando llegó a octavos. Ni cuando se metió en cuartos. Ni
cuando caminó por primera vez hacia la Chatrier para enfrentarse a Zverev. Su
forma de protegerse ha sido bajar cada experiencia a lo controlable: una pista,
un partido, una oportunidad para aprender.
Por eso tampoco quiso ponerse nota a sus primeros cinco
meses como profesional. La pregunta tenía sentido, porque su arranque de
temporada ha sido mucho más que prometedor, pero Jódar prefirió escapar de
cualquier evaluación cerrada. “No voy a dar una nota”, aseguro. “Creo que es un
proceso de aprendizaje y de ganar experiencia. No quiero dar una nota buena o
mala, porque cada uno tiene su propio camino”.
La tierra, eso sí, le deja un balance muy positivo. “Estoy
haciendo muy bien en las condiciones en las que estoy jugando, estoy
disfrutando todos los torneos”, dijo. “La temporada en tierra ha ido bien, he
jugado muchos partidos, en grandes pistas, me lo he pasado muy bien en todos
los torneos. Estoy orgulloso del papel que he hecho en la gira de tierra y
ahora toca seguir y seguir aprendiendo”.
Ese “seguir” apunta ya al césped, una superficie casi
desconocida para él en el circuito profesional. Jódar ganó en Rockhampton y
llegó a cuartos en Wimbledon júnior, pero él mismo se encargó de rebajar el
valor de esas referencias. “Fueron torneos júnior, la historia cambia
completamente”, explicó. “No me sirve como referencia, me sirve para haber
jugado al menos dos o tres semanas en hierba”.
El siguiente reto será distinto. Menos tierra, menos tiempo
para armar los puntos, menos margen para apoyarse en patrones que le han
funcionado en París. “En las próximas semanas, a ver si tengo alguna
oportunidad de entrenar en una pista de hierba”, dijo. “En los torneos que
juegue antes de Wimbledon intentaré adaptarme lo mejor posible y dar lo mejor
de mí, porque no sé muy bien qué esperar, ya que no he jugado mucho en esa
superficie”.
Antes de eso, habrá una pausa breve. Después de una gira
larga y de un Roland Garros que le ha llevado mucho más lejos de lo que podía
imaginar al llegar a París, Jódar volverá a Madrid. “No lo he pensado”, dijo
sobre qué hará en sus días libres. “Volveré a Madrid por unos días. Estaré en
casa, pasando unos días”.
No parece mal plan para quien acaba de vivir el torneo más
intenso de su carrera. Jódar se va de Roland Garros sin trofeo, pero con algo
probablemente más útil para este momento: una colección de experiencias que no
tenía hace dos semanas. Ha jugado cinco sets, ha remontado, ha competido en
Chatrier, ha medido su tenis contra Zverev y ha descubierto que el circuito
grande no espera, pero tampoco es inaccesible.
Su torneo terminó en cuartos. Su aprendizaje, no.

