
Entrenador, padre e hijo se buscan con la mirada
![]() |
Málaga, 29 de abril de 2026
Por Jorge Mir Mayor
Ser útil no es inspirar, ni corregir cada detalle, ni demostrar que sabes más. Es aparecer poco… y acertar.
Un entrenador útil no habla más: interrumpe menos. Observa
mejor. Y cuando interviene, lo hace porque ha visto algo que el jugador no está
viendo.
Entrenadores y jugadores diciéndose cosas sin parar, a mí me
incomoda esa necesidad constante de hablar en cada punto, como si el silencio
no tuviera valor. Muchas veces no suma: distrae, rompe el ritmo y añade ruido
donde debería haber claridad.
En el tenis profesional casi todo está entrenado. Los golpes, los patrones, las rutinas. Lo que no está resuelto del todo es la decisión bajo presión. Ahí se separa el ruido de lo importante.
Una bola de partido no exige un golpe perfecto, sino una elección clara: qué asumir, qué evitar y con qué vivir después. Dudar medio segundo suele ser peor que equivocarse con convicción. Eso no se improvisa en ese instante. Se entrena antes.
El trabajo del entrenador no es dirigir ese momento, sino
haber preparado al jugador para reconocerlo y decidir sin pedir permiso. Si en
el punto decisivo el jugador necesita mirar al banquillo, el trabajo ya llegó
tarde.
Ser útil es dejar algo que funcione cuando tú no estás. Un criterio. Una forma de leer. Un límite claro.
Porque competir no es ejecutar todo bien, sino elegir algo y sostenerlo cuando cuesta. Y entrenar, si sirve para algo, debería ir de eso.
Saludos. Jorge Mir

