El español necesitó cuatro horas y media para abrir su
casillero de triunfos en un grande
Martín Landaluce ya tiene su primera victoria en un Grand Slam. Y no llegó de cualquier manera. El español necesitó 4 horas y 30 minutos para superar este martes a Juan Carlos Prado Angelo en la primera ronda de Roland Garros, imponiéndose por 6-3, 4-6, 6-2, 6-7(3) y 6-4 en la pista 9.
Una
batalla larga, exigente y emocionalmente delicada, pero también una de esas
victorias que pueden pesar mucho más que una línea en el marcador. El madrileño
no solo avanzó por primera vez en un cuadro grande. Aprendió, punto a punto, lo
que significa ganar en uno.
El dato tiene fuerza por sí solo. Landaluce, de 20 años,
había llegado a París como parte de esa nueva camada española que empieza a
ocupar espacio en el circuito. Su nombre lleva tiempo asociado al futuro, desde
que conquistó el US Open júnior en 2022, una referencia que le colocó muy
pronto entre los proyectos más observados del tenis nacional. Pero este martes,
en Roland Garros, el contexto fue otro. Ya no se trataba de prometer. Se
trataba de resistir.
El partido ante Prado Angelo tuvo muchas capas. Landaluce
empezó por delante, cedió el segundo set, recuperó autoridad en el tercero y
pareció tener el encuentro encaminado antes de que el boliviano forzara el
quinto en el desempate del cuarto parcial. Ahí estaba el verdadero examen. No
solo en el tenis, sino en la respuesta mental después de dejar escapar la
posibilidad de cerrar antes. Para un jugador joven, en su búsqueda de la
primera victoria en Grand Slam, ese tipo de giro puede pesar el doble. Landaluce
tuvo que volver a empezar cuando el partido ya llevaba más de tres horas de
desgaste.
Y lo hizo. El español encontró la manera de sostenerse en el
quinto set, de no dejar que el golpe emocional del cuarto parcial se
convirtiera en una caída definitiva. El marcador recogió un triunfo de 4h30m,
una duración que convierte su estreno victorioso en París en una prueba de
fondo. En un Grand Slam, ganar rápido siempre ayuda. Pero ganar así también
enseña. Enseña a convivir con la incomodidad, a aceptar los altibajos y a
entender que los partidos al mejor de cinco sets rara vez siguen una línea recta.
Landaluce ya había dado señales importantes durante la temporada. Su explosión en Miami le permitió alcanzar los cuartos de final de un ATP Masters 1000, algo que volvió a conseguir en Roma días atrás. Pero Roland Garros ofrecía una exigencia diferente. Miami y Roma habían sido los golpes de impacto. París pedía oficio.
La tierra batida de París suele desnudar los procesos. En
esta superficie no basta con un tramo brillante, ni con una secuencia de golpes
ganadores, ni con un arranque de inspiración. Hay que construir una victoria
durante mucho tiempo. Hay que aceptar que el rival vuelva. Que el marcador se
ensucie. Que el cuerpo empiece a pesar. Que una ventaja deje de ser definitiva.
En ese escenario, Landaluce encontró una respuesta que habla bien de su
evolución.
El triunfo también encaja dentro de una fotografía española
más amplia. Roland Garros 2026 reúne a varios nombres jóvenes del tenis
nacional y Landaluce forma parte de ese grupo que empieza a tomar contacto con
el Grand Slam desde dentro. Junto a Rafael Jódar (en segunda ronda) y Daniel
Mérida (eliminado en su estreno ante Ben Shelton), representa una nueva
generación que no necesita comparaciones imposibles, pero sí merece atención
por lo que está empezando a construir. En el caso de Landaluce, la primera victoria
en un grande llega como una confirmación íntima: el paso del talento señalado
al jugador que empieza a ganar partidos largos en escenarios grandes.
No fue una victoria perfecta. Landaluce tuvo momentos de
superioridad y tramos de dificultad. Tuvo que gestionar un partido que terminó
llevándole hasta el quinto set. Tuvo que aceptar la tensión de una primera
ronda que se alargó durante cuatro horas y media. Y tuvo que hacerlo ante un
rival procedente de la fase previa, Prado Angelo, que obligó al español a
trabajar cada tramo hasta el final.
La victoria le permite a Landaluce avanzar, pero sobre todo
le entrega una experiencia que no se entrena de la misma manera fuera de los
Grand Slam. El formato a cinco sets cambia la escala de todo. Amplía los
márgenes, pero también los riesgos. Permite corregir, pero exige volver a ganar
el partido varias veces. Para alguien de 20 años, cruzar esa frontera por
primera vez tiene un valor especial.
Landaluce llegó a París con el cartel de jugador en
crecimiento. Salió de su debut con una victoria que le pertenece de verdad. De
esas que no se explican solo por el tenis que tienes, sino por lo que eres
capaz de sostener cuando el partido se vuelve largo, incómodo y peligroso.
Su primera victoria en Grand Slam ya está escrita. Y,
después de 4 horas y 30 minutos, tiene forma de batalla.
