El español resuelve con contundencia el primer partido de su
carrera en Roland Garros
Rafael Jódar no necesitó demasiado tiempo para dejar su primera huella en Roland Garros.
El español, cabeza de serie No. 27 del cuadro,
superó este lunes a Aleksandar Kovacevic por 6-1, 6-0 y 6-4, firmando un
estreno tan contundente como significativo en el Grand Slam parisino. En su
primera aparición profesional en el Bois de Boulogne, el madrileño no solo
resolvió con autoridad dentro de la pista. También empezó a descubrir, y a
manejar, todo lo que ocurre alrededor de un escenario de esta dimensión.
La victoria tuvo una lectura evidente en el marcador. Jódar
dominó el partido desde el inicio, impuso ritmo, evitó que Kovacevic encontrara
continuidad y resolvió en tres sets un debut que podía haber escondido muchas
más trampas. El estadounidense llegaba como un rival con experiencia, instalado
en el Top 70 y reciente semifinalista en Hamburgo, pero apenas pudo discutir el
control de un jugador que entró en Roland Garros con una mezcla de ambición y
serenidad poco habitual para alguien que estaba viviendo el torneo por primera
vez.
Pero el verdadero valor del debut de Jódar no estuvo solo en
el marcador. Estuvo también en la forma de vivirlo. En un Grand Slam,
especialmente cuando se atraviesa por primera vez, el partido no empieza ni
termina en la pista. Hay público, ruido, cámaras, entrevistas, esperas,
obligaciones, rutinas distintas y una sensación de exposición que no existe con
la misma intensidad en otros torneos. Jódar lo está descubriendo en tiempo
real, pero su discurso tras la victoria dejó una sensación clara: entiende que
esa adaptación forma parte del aprendizaje.
“Hay mucha gente, obviamente, viendo los partidos, pero yo creo que también eso es lo que hace que el torneo y que los Grand Slam sean especiales, que solo haya cuatro durante el año”, dijo el español. “Hay mucha gente viendo los partidos y es mi primer año. Estoy intentando adaptarme de la mejor manera posible a estos cambios”.
La respuesta resume bien el momento que atraviesa. Jódar
viene de una ascensión acelerada, de pasar en pocos meses de competir en otro
tipo de escenarios a presentarse en París como cabeza de serie en un grande.
Esa condición cambia la manera de mirar el cuadro. Ya no aparece únicamente
como promesa. Aparece como jugador señalado.
El propio Jódar reconoció esa diferencia entre lo que vivía
hace apenas un año y lo que está viviendo ahora. “El año pasado, cuando jugaba
los partidos que jugaba, en Challengers, era diferente”, recordó. “Pero creo
que lo estoy haciendo bien y, de momento, me estoy sintiendo muy bien, tanto
dentro de la pista como en las cosas que tengo que hacer fuera”.
Esa naturalidad también apareció en la gestión de las
condiciones. París vivió una jornada de mucho calor, una dificultad que afectó
a varios jugadores durante el arranque del torneo. Jódar, en cambio, resolvió
rápido, pero no minimizó la exigencia del día. “Es verdad que las temperaturas
son muy elevadas, pero no solo para mí, sino también para el rival y para todos
los jugadores”, explicó. “Hay que intentar adaptarse bien, hidratarse bien,
preparar el cuerpo para un partido largo y con temperaturas altas durante todo
el partido”.
La palabra que más se repitió en su análisis fue adaptación.
Adaptarse al calor, al ruido, al entorno, al formato, a los tiempos y a la
experiencia de un Grand Slam. Su tenis respondió con una autoridad que evitó un
desgaste excesivo, pero su mirada siguió siendo prudente. “Al final son
condiciones que no puedes controlar”, añadió. “Entonces tienes que intentar
aceptarlas y adaptarte de la mejor manera posible”.
El debut tenía además una carga emocional evidente. Jódar no
estaba jugando una primera ronda cualquiera. Era su primer partido profesional
en Roland Garros, en el Grand Slam que más peso tiene dentro de la historia del
tenis español. Su padre le dejó una consigna sencilla antes de salir a pista:
disfrutar. “Lo que me ha dicho es lo que siempre me dice: que disfrute”, contó.
“No todos los días se va a debutar en un Grand Slam, en Roland Garros. Ese era
el objetivo principal”.
La frase ayuda a entender el equilibrio con el que afrontó
el estreno. Disfrutar no significaba relajarse. Significaba aceptar el momento
sin quedar atrapado por él. “Yo sabía que en un Grand Slam los partidos son
mucho más largos, entonces pueden pasar muchas cosas”, señaló. “He empezado
bien, jugando un buen tenis y sintiéndome bien en la pista. Luego, como es tan
largo el partido, eso da pie a que los partidos se enreden un poquito más y
haya algún momento en el que haya que sufrir. Pero es normal. Al final no va a
ir todo rodado”.
En su caso, el sufrimiento llegó de manera controlada.
Kovacevic encontró algo más de resistencia en el tercer set, pero Jódar evitó
que el partido cambiara de temperatura emocional. La diferencia entre un debut
ilusionante y un debut incómodo puede estar en esos tramos. El español los
atravesó sin dramatismo, manteniendo la ventaja y cerrando una victoria que le
permite llegar a la segunda ronda con energía intacta.
También ahí apareció una lectura profesional. Ganar rápido
en un Grand Slam no solo sirve para avanzar. Sirve para proteger el cuerpo.
Jódar explicó que las horas posteriores al partido forman parte esencial de la
competición. “Al final, tú ganas un partido, pero tienes que tener la
mentalidad y pensar que, en este caso, en dos días vas a tener que jugar otro”,
dijo. “Tienes que preparar tu cuerpo de la mejor manera posible, y creo que las
dos, tres horas después del partido son muy importantes para cuidar tu cuerpo y
para que la recuperación de los siguientes días vaya mejor”.
Su próximo rival será James Duckworth, en una segunda ronda
que ya le coloca ante otra oportunidad de prolongar su estreno parisino. Jódar
ha llegado a Roland Garros en plena aceleración, pero su primera tarde dejó una
señal especialmente valiosa: no solo está aprendiendo a ganar en escenarios
grandes. También está aprendiendo a vivir dentro de ellos.
En París, donde todo pesa un poco más, el español empezó
ligero, contundente y consciente. Tres cualidades que, en un debut de Grand
Slam, no siempre aparecen juntas.
