El tenista serbio sorprendió a todos alcanzando la final del
Australian Open, instancia donde cayó ante Carlos Alcaraz.
A los 38 años, cuando el físico suele pasar la cuenta, Novak
Djokovic volvió a romper cualquier lógica. En Melbourne, el serbio sorprendió
al circuito al meterse en la final del Australian Open, dejando en el camino
nada menos que a Jannik Sinner, uno de los principales candidatos al título.
Más allá del resultado, la pregunta vuelve a aparecer: ¿cómo
sigue compitiendo al máximo nivel cuando la mayoría de sus contemporáneos ya
colgaron la raqueta?
La respuesta no está solo en su talento ni en su fortaleza
mental. Hay un factor menos visible, pero decisivo, que Djokovic viene
trabajando desde hace más de una década: su alimentación.
El problema que cambió su carrera
A comienzos de la década pasada, una evaluación médica
durante una serie de Copa Davis marcó un antes y un después: el serbio fue
diagnosticado con intolerancia al gluten y la lactosa.
Ajustar la dieta implicaba eliminar alimentos habituales en
su día a día, sobre todo referente a las masas, pero los efectos comenzaron a
notarse rápidamente en materia deportiva.
Con el nuevo régimen ya incorporado, Djokovic dio el gran salto en 2011. Ese año ganó tres de los cuatro Grand Slam y se consolidó como el jugador más dominante del circuito.
Desde entonces, la dieta se transformó en una pieza clave de
su carrera, algo que él mismo ha reconocido como un cambio clave para que su
cuerpo respondiera al máximo nivel.
El paso del tiempo no hizo más que reafirmar esa decisión.
Mientras el calendario avanzaba, Djokovic logró sostenerse en la élite,
acumulando títulos y récords con una regularidad incuestionable respecto a sus
compañeros de generación.
La dieta de Nole está pensada para sostener energía constante durante entrenamientos y partidos extensos, evitando como siempre el gluten y la lactosa.
Su jornada comienza con un vaso de agua caliente con limón,
una rutina que utiliza para activar el sistema digestivo antes de ingerir
alimentos sólidos durante el día.
El desayuno es prácticamente idéntico y siempre está
diseñado como su principal carga energética: una mezcla de semillas y frutos
secos, muesli sin gluten, frutas frescas —principalmente frutos del bosque,
plátano y frutilla— y yogurt vegetal.
A eso suma un jugo de apio y un batido verde con
ingredientes antioxidantes como espinaca, repollo, menta, jugo de manzana y
arvejas.
Durante la mañana o entre los entrenamientos, recurre a
snacks como tostadas sin gluten con palta y atún. En la tarde, suele optar por
fruta acompañada de mantequilla de cajú.
En el almuerzo predominan las ensaladas verdes mixtas,
platos con legumbres como garbanzos o lentejas, y pastas sin gluten, en algunos
casos con queso vegano.
La cena es siempre liviana y enfocada en la recuperación
dependiendo del gasto del día. Pollo al limón con ensalada, sopas de verduras
como zanahoria y jengibre, salmón al horno con tomates asados o preparaciones
tipo ensalada césar con pescado azul, como sardinas o anchoas.
De esta forma, Novak Djokovic se mantiene como uno de los
mejores tenistas del mundo, y al mismo tiempo, estira su vigencia, una que la
ha llevado a ser considerado como uno de los deportistas más grandes de la
historia.
