Málaga, 12 de julio de 2026
Por Jorge Mir Mayor
Siempre me ha llamado la atención la presión que puede vivir un empresario.
No hablo solo del estrés, de las horas de trabajo o de la responsabilidad económica. Hablo de algo más profundo: decidir sin tener nunca la seguridad completa de que todo va a salir bien. Y ahí veo una relación muy clara con el tenis.
Un empresario puede estudiar el mercado, preparar una
estrategia y rodearse de un buen equipo. Pero aun así puede fallar. Porque la
realidad cambia, la competencia se mueve y no siempre sucede lo que uno había
imaginado.
Un tenista vive algo parecido. Puede entrenar bien,
cuidarse, preparar el partido y llegar con buenas sensaciones. Pero cuando
empieza a jugar, nada está garantizado. El rival juega, el marcador pesa, el
cuerpo no siempre responde igual y la cabeza puede entrar y salir del partido
rápidamente.
Hay una diferencia importante: el empresario decide y
ejecuta a través de su equipo. El tenista decide y ejecuta con su cuerpo, en el
mismo instante.
Tiene que pensar mientras corre, elegir cansado y golpear
con precisión cuando la emoción se dispara.
Por eso creo que la fortaleza mental no puede ser solo una
frase bonita. Es una construcción. Se construye con hábitos, con tolerancia al
error, con rutinas y con un entorno que no convierta cada derrota en una
amenaza personal.
Porque el peligro no aparece solo cuando se falla. Aparece
cuando uno empieza a confundir “he fallado” con “no valgo”.
También creo que nadie sostiene bien la presión solo durante
mucho tiempo.
Un buen equipo no es el que aplaude todo. Es el que ayuda a
pensar mejor, ordena, corrige y dice la verdad cuando hace falta. El equipo no
decide por ti, pero puede evitar que decidas desde el miedo, desde el orgullo o
desde el cansancio.
La presión no se elimina. Se entiende, se ordena y se
entrena.
Una pelota rota ya no sirve para competir. Una pelota
pinchada no se puede controlar pero una pelota con la presión justa competir.
En la empresa y en el tenis pasa algo parecido.
La pelota pesa más cuando hay algo importante en juego. Y
ahí se ve quién ha sido preparado no solo para jugar, sino para sostenerse
cuando el juego aprieta.
Jorge Mir

