En tenis hablamos muchas veces de llegar bien a la pelota. Hablamos de colocarse, de ajustar los pies, de mantener una buena distancia y de encontrar un buen punto de impacto.
Todo eso es fundamental, porque sin una
buena proximidad con la pelota el golpe empieza mal. Pero creo que hay una
diferencia importante entre estar próximo a la pelota y estar realmente cerca
de ella.
La proximidad tiene que ver con la distancia física. Es
llegar, colocarse y poder golpear en una posición correcta. Es una parte
técnica, visible, que los entrenadores corregimos todos los días en la pista.
Sin embargo, la cercanía va un poco más allá. Tiene que ver con la forma en la
que el jugador se relaciona con la pelota. No se trata solo de llegar, sino de
leerla, esperarla, entender su velocidad, su altura, su peso y el momento
exacto en el que debe ser golpeada.
Hay jugadores que llegan a la pelota, pero golpean como si
no estuvieran realmente dentro del golpe. Están cerca físicamente, pero juegan
desconectados. Golpean con prisa, con rigidez, con miedo o con demasiadas ganas
de hacer daño. Y muchas veces el error aparece precisamente ahí, no porque el
jugador no haya llegado, sino porque ha llegado sin calma, sin lectura y sin
verdadera conexión con lo que está pasando.
Por eso creo que entrenar bien no es solo enseñar a llegar a
la pelota. También es enseñar a estar con ella. Estar con la mirada, con los
pies, con la mano, con el cuerpo y con la cabeza tranquila. La proximidad
coloca al jugador cerca de la pelota, pero la cercanía le permite entrar en el
golpe. Esa diferencia, aunque parezca pequeña, cambia mucho la manera de jugar.
El buen golpe no nace solo de una buena posición. Nace
cuando el cuerpo llega, la mirada entiende, la mano siente y la cabeza no
estorba. Ahí la pelota deja de ser algo a lo que simplemente se pega y empieza
a ser algo que se acompaña. Para mí, esa es una de las claves del tenis bien
entendido: no se trata solo de llegar a la pelota, sino de estar realmente con
ella.
Saludos. Jorge Mir Mayor

