Málaga, 19 de julio de 2026
Por Jorge Mir Mayor
Uno de los bichos más curiosos de la naturaleza es el
escarabajo pelotero. Recoge suciedad, hace una bola con ella y la guarda para
alimentarse más adelante.
Si llevamos esta imagen al tenis, también hay una forma de
actuar que se parece bastante a eso.
No hablo del entrenador exigente, ni del entrenador que
corrige, ni del entrenador que dice la verdad aunque al jugador, a los padres o
al club no les guste escucharla. Eso forma parte de entrenar. Hablo de otra
cosa.
Hablo del entrenador que no construye desde su trabajo, sino
desde el desgaste del trabajo de los demás. Del que no espera su oportunidad
mejorando, sino esperando que otro falle. Del que recoge dudas del jugador,
inseguridades de una familia, errores de otro técnico o problemas de un club y
lo guarda todo para utilizarlo cuando le conviene.
Para mí, ahí empieza el problema. El problema no es ver
errores, porque todos vemos errores. El problema no es discrepar, porque
discrepar también es necesario. El verdadero problema es convertir el error
ajeno en una herramienta de poder.
Entrenar no es solo enseñar una derecha, un revés o una
táctica. Entrenar también es crear un entorno. Es proteger un proceso. Es
hablar claro sin intoxicar. Es corregir sin destruir. Es respetar el trabajo de
otros técnicos, aunque no pienses igual. Es no manipular la ansiedad de unos
padres ni aprovecharse de las dudas de un jugador.
Y aquí conviene ser honestos. Ningún entrenador está
completamente libre de esa tentación. Todos hemos podido mirar alguna vez el
error de otro y pensar que ahí podía haber una oportunidad. La diferencia está
en qué hacemos con eso. Podemos usarlo para aprender, para mejorar y para
ayudar, o podemos usarlo para hacer daño.
El tenis no necesita entrenadores perfectos, porque no
existen.
Necesita entrenadores que, cuando ven un problema, intenten arreglarlo y no guardarlo para utilizarlo más tarde, que tengan criterio, pero también respeto y quieran mejorar al jugador, no aprovecharse de sus dudas.
Porque cuando alguien contamina el entorno, no solo
perjudica a otro entrenador. Perjudica al jugador.
Saludos. Jorge Mir
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