Alejandro Davidovich, tras ganar su primer título hace unos días en
Mallorca, ya está en la tercera ronda
Alejandro Davidovich Fokina ha llegado a Wimbledon después de una de las semanas más importantes de su carrera.
En Mallorca levantó su
primer título ATP, cerró una búsqueda que había atravesado varias finales y
empezó la gira de hierba con una certeza que llevaba tiempo persiguiendo. Sin
embargo, después de sumar su segunda victoria en el All England Club, el
malagueño no parece dispuesto a transformar ese éxito en una carga.
“No me espero nada”, repitió varias veces tras el triunfo
frente a Fabian Marozsan por 6-3, 6-0, 6-3.
La frase no responde a una falta de ambición. Más bien
define el lugar desde el que quiere competir ahora. Davidovich viene de ganar
partidos, de jugar con confianza y de encontrar un nivel que le permite ser
peligroso sobre hierba. Pero no quiere que el título de Mallorca, ni el hecho
de seguir avanzando en Wimbledon, le obliguen a proyectarse más allá del
siguiente encuentro, poniéndole mucha presión extra.
“Puedo perder en dos días, puedo ganar”, explicó. “Al final,
todo el mundo compite muy bien aquí en hierba. Intento jugar mi mejor papel al
saque y restar lo máximo posible, pero no tengo ninguna expectativa. Estoy
contento con el nivel que estoy dando, con el trabajo que estamos haciendo, y
el resultado ahora mismo es lo de menos”.
El mensaje llega después de una primera semana que ha tenido de todo. Victoria, continuidad competitiva y también un susto físico que, por fortuna, no ha ido a más. Davidovich reconoció que, el día de su partido ante Juan Manuel Cerúndolo, se levantó con la espalda muy cargada y con dificultades incluso para moverse con normalidad.
“Me levanté muy mal de la espalda y no podía casi moverme”,
contó. “Pero supe que tenía que hacer un esfuerzo porque sabía que era algo
temporal y que en un día iba a recuperar y estar otra vez al 100%”.
La respuesta del cuerpo fue buena. Después de superar aquel
episodio, el español ha recuperado sensaciones y asegura sentirse preparado
para competir. “A nivel de energía siempre he estado bien”, dijo. “Hemos
trabajado duro con mi fisio y la verdad es que me encuentro en muy buenas
condiciones”.
Esa estabilidad física se ha unido a una sensación tenística
que ya venía apareciendo en Mallorca. Davidovich siente que está golpeando con
limpieza, eligiendo mejor las direcciones y encontrando puntos más cortos
gracias a una lectura más precisa de los momentos para atacar.
“Sigo con las mismas sensaciones”, explicó. “Estoy tocando
bien la bola, creo que estoy jugando las bolas correctas y creo que eso me está
dando también más puntos gratis”.
En hierba, ese detalle importa todavía más. La superficie
premia el servicio, el primer golpe y la capacidad de evitar que el rival se
instale cómodo en el intercambio. Davidovich conoce bien esa lógica. No quiere
construir su torneo desde pronósticos, pero sí desde ciertos patrones que le
permitan competir con autoridad: sacar bien, restar con profundidad y aceptar
que, contra un rival inspirado al servicio, las oportunidades pueden ser
escasas.
“A un rival que te saca bien durante mucho tiempo es complicado de hacerle un break, y te pone presión al resto”, señaló. “Por eso intento jugar mi mejor papel con el saque y restar lo máximo posible”.
Su siguiente contrario será Márton Fucsovics, otro jugador
que llega con dos victorias y que ya sabe lo que es competir en las rondas
importantes de Wimbledon. Davidovich recordó un precedente especialmente
igualado entre ambos, en el US Open, resuelto en el quinto set. No quiso sacar
demasiadas conclusiones antes de analizar el partido, pero sí dejó claro que
espera una prueba seria.
“Recuerdo el partido del US Open, que fue muy igualado”,
dijo. “Si ha ganado dos partidos aquí y ha ganado a Tien, estará jugando a muy
buen nivel. No he visto nada todavía porque él acabó justo cuando yo terminé,
pero ya miraré un poco cuando me apetezca”.
La naturalidad de esa respuesta encaja con la manera en que
Davidovich está manejando este tramo de la temporada. No hay una hoja de ruta
pública marcada por grandes objetivos. Tampoco una obsesión por aprovechar el
impulso de Mallorca a toda costa. Su planteamiento pasa por no concederle a
Wimbledon un peso excesivo, pese a tratarse de un Grand Slam.
“Le quitamos hierro al asunto”, aseguró. “Obviamente es un
Grand Slam, todos lo sabemos, pero al final es otra semana más. La semana
siguiente jugaré en Umag y tendré otra oportunidad. No quiero basarme en esta
semana ni ponerme presión a mí mismo”.
Esa perspectiva puede resultar llamativa después de
conquistar el primer título ATP de su carrera. Para muchos jugadores, una
semana así cambia la conversación exterior y, a veces, también la interior. El
éxito invita a pensar en lo siguiente: sostener el nivel, confirmar la
condición de campeón, aprovechar una oportunidad abierta. Davidovich prefiere
evitar ese ruido.
No niega el valor de lo conseguido. Tampoco reduce el nivel de los partidos que está jugando. Pero se resiste a utilizar cada victoria como una promesa para la siguiente. Su confianza no está en una hipotética carrera hacia la segunda semana de Wimbledon, sino en el trabajo que ha hecho para llegar hasta aquí.
Y quizá ahí esté una de las claves de este momento.
Davidovich ya tiene el título que tanto tiempo persiguió. Ya
sabe cómo se siente cerrar una semana como campeón. Ahora puede competir sin
que cada partido parezca una oportunidad definitiva para saldar una deuda.
Mallorca le dejó una copa. Wimbledon le está ofreciendo la posibilidad de
seguir jugando con soltura.
Por ahora, no quiere pedirle nada más.
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