El español avanzó por primera vez a octavos de final en el
All England Tennis Club
Alejandro Davidovich Fokina ya sabe lo que es ganar en
Wimbledon. Lo hizo en 2017, cuando levantó el título júnior y empezó a abrirse
paso ante el gran público. Nueve años después, el malagueño ha regresado al
mismo escenario para superar otra barrera: alcanzar por primera vez los octavos
de final del cuadro absoluto.
Lo ha hecho, además, sin perder un set.
La victoria ante Marton Fucsovics le permite prolongar la racha que empezó en Mallorca, donde conquistó el primer título ATP Tour de su carrera, y seguir avanzando en un torneo que conoce bien desde hace tiempo, aunque hasta ahora no había conseguido atravesar la primera semana. El resultado le confirma en la segunda semana de Londres y le encuentra con una idea muy clara: seguir jugando.
“Estoy contento con el nivel y con el resultado”, resumió
tras el partido.
No fue un triunfo tan lineal como puede sugerir el marcador. Davidovich dominó buena parte del encuentro, pero tuvo que competir de verdad en un tercer set que se estrechó antes de que pudiera cerrarlo. Fucsovics, un jugador de gran resistencia y habituado a prolongar los intercambios, no dejó de insistir. El español tuvo ocasiones, el húngaro también, y el parcial se movió durante varios juegos en un margen mínimo.
“Marton es un jugador muy peligroso, muy luchador, y no se ha rendido hasta el último minuto”, explicó Davidovich. “El tercer set estaba muy igualado. He tenido mis oportunidades, él ha tenido las suyas y se podía decantar para cualquier lado, porque los dos estábamos jugando a muy buen nivel”.
El break llegó en uno de esos momentos donde el partido
podía cambiar de dirección. Davidovich lo celebró con energía, consciente de lo
que significaba abrir una diferencia en un set que se había convertido en una
batalla de detalles. Después sostuvo su servicio para evitar que Fucsovics
recuperara terreno.
“Estaba con rabia de poder hacer ese break y después
consolidar mi saque”, reconoció. “Estaba contento conmigo mismo, pero a la vez
disfrutando del momento”.
Esa última parte ayuda a explicar el presente del malagueño.
Davidovich no llega a Wimbledon desde la urgencia de quien necesita convertir
una buena semana en una obligación. Llega después de Mallorca, con una copa que
puso fin a una larga espera y con la confianza de haber respondido cuando el
torneo entró en sus últimos días. En Londres, ese impulso no le ha llevado a
acelerar. Le ha permitido competir con menos ruido alrededor.
También con el cuerpo respondiendo.
La acumulación de partidos y viajes podría haber sido un factor después de una semana completa en Mallorca y del arranque inmediato de Wimbledon. Davidovich, sin embargo, no siente que el desgaste esté condicionando su recorrido. La hierba acelera los puntos, exige reflejos y atención en cada juego, pero el español considera que el trabajo previo le ha preparado para esta secuencia.
“No estoy cansado. Hemos hecho un trabajo muy duro”,
aseguró. “No es lo mismo jugar en hierba que en tierra. Los puntos son más
rápidos, pero también te desgasta físicamente. Hemos trabajado para afrontar
estos momentos, esta racha de victorias, y físicamente me encuentro bien, no
tengo ninguna molestia”.
Su explicación va más allá de la preparación. Para
Davidovich, el estado mental también tiene un peso directo en la manera de
afrontar una semana larga. Ganar genera desgaste, pero también alimenta la
voluntad de seguir dentro del torneo. Y eso, en su opinión, termina teniendo un
reflejo físico.
“Sobre todo tengo la mentalidad de querer seguir jugando más
partidos”, dijo. “Creo que esa mentalidad te ayuda a estar mejor físicamente”.
Wimbledon tiene además una carga especial en su historia.
Fue allí donde ganó el torneo júnior en 2017, un recuerdo que ahora conecta con
una versión más madura, con más recorrido y con la experiencia de haber
atravesado momentos difíciles antes de levantar su primera copa ATP Tour.
“Son coincidencias de la vida”, señaló al mirar hacia aquel
título. “Estoy agradecido y contento de poder seguir disfrutando un día más en
Wimbledon. Al final es la catedral del tenis”.
La progresión no le hace cambiar el tono. Davidovich no
quiere cargar con el foco por ser uno de los españoles que permanece en el
cuadro. No interpreta esa circunstancia como una responsabilidad adicional ni
como una etiqueta que deba defender. Lo considera parte de la dinámica de
cualquier torneo.
“No le doy mucha importancia”, explicó. “Habrá otras semanas
en las que, cuando esté Alcaraz, estemos todos; otras veces perderá y estaremos
los otros; otras veces ganará y se quedará él. Creo que no nos importa eso. Me
da igual la presión”.
Ese discurso encaja con la forma en que ha competido hasta
ahora en Londres: concentrado en el siguiente partido, sin convertir cada
victoria en una exigencia mayor. Los octavos de final le colocan ante una
oportunidad inédita en Wimbledon, pero también ante un partido distinto. La
segunda semana sube el nivel de los rivales, reduce los márgenes y obliga a
gestionar una atención que ya no es la de los primeros días.
Eso es lo que ha venido buscando desde Mallorca: más
partidos, más días de competición y más oportunidades de prolongar un momento
que le ha cambiado la manera de entrar en pista. Wimbledon le ha dado ya un
nuevo techo. Davidovich no parece dispuesto a quedarse ahí.
