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sábado, 4 de julio de 2026

Rafa Jódar se despide de Wimbledon. “He jugado tres partidos y en ellos he aprendido mucho”

 



El español se despidió del torneo el pasado viernes


Rafa Jódar se marcha de Wimbledon con la decepción lógica de una derrota, pero también con una experiencia que difícilmente habría podido encontrar en una semana de entrenamientos. El madrileño cayó ante Shintaro Mochizuki en la tercera ronda, después de dominar el primer set y de verse obligado a descifrar, durante tres mangas, un partido cada vez más incómodo sobre una superficie todavía nueva para él.

 

La derrota llegó pronto para poder sacar conclusiones definitivas. Jódar acababa de salir de pista y no quiso rellenar ese momento con explicaciones rápidas. Prefirió esperar. Ver el partido. Hablar con su padre y con su equipo. Encontrar, con algo más de distancia, las decisiones que no funcionaron y los detalles que deberá ajustar.

 

“No sé exactamente qué fallo, porque está muy reciente”, explicó. “En los próximos días, como no tengo ningún torneo cerca, habrá tiempo para ver un poco el partido y analizarlo con mi padre y con mi equipo. Ahora mismo no me acuerdo exactamente de lo que puedo mejorar”.

 

La respuesta encaja con el modo en que ha ido entendiendo esta temporada. Jódar no vive cada resultado como una sentencia. Tampoco trata una derrota como una confirmación de sus límites. Wimbledon le ha ofrecido tres partidos, su primera experiencia profesional real sobre hierba y varias situaciones que no se parecen demasiado a las que había encontrado hasta ahora sobre tierra o pista dura.

 

Mochizuki reunió muchas de ellas en un solo encuentro.

El japonés empezó cediendo el primer set con claridad. Jódar mandó desde el fondo, encontró profundidad y pareció manejar bien un patrón que ya había estudiado antes del partido. Sabía que Mochizuki podía cambiar ritmos, subir a la red y sacar de una forma distinta a la de muchos jugadores de la gira. No fue una sorpresa. Pero una cosa es reconocer un estilo desde fuera y otra mantener el control durante cuatro sets cuando el rival empieza a encontrar su mejor versión.

 

“Pude ver y analizar cómo jugaba”, señaló Jódar. “No me pilló por sorpresa. Sabía perfectamente lo que me iba a plantear. Empecé bien, sobre todo en el primer set. Luego él subió su nivel en los siguientes y yo intenté dar todo lo que tenía hasta el último momento”.

 

La particularidad del saque de Mochizuki fue una de las claves. El japonés no necesitó apoyarse siempre en una velocidad descomunal para crear problemas. Encontró colocación, cambios de ritmo y trayectorias que, sobre hierba, pueden adquirir una importancia especial. Jódar lo había manejado bien al principio, pero reconoció que no pudo sostener la misma eficacia cuando el partido se estrechó.

 

“Cada uno tiene su saque”, explicó. “Aquí puede ser efectivo, incluso en otras superficies. Era una circunstancia que esperaba y, de hecho, creo que en el primer set la manejé bastante bien. Luego no fui capaz de hacerlo tan bien en esa faceta”.

 

Ahí se concentró buena parte del giro. Mochizuki se llevó el segundo set en el tie-break, ganó confianza y empezó a llevar los intercambios a un terreno distinto. Jódar no dejó de competir, pero el japonés consiguió reducir el margen del español para tomar la iniciativa. En hierba, esa clase de variación puede pesar más que en otras superficies. Un saque colocado, una bola plana o una subida a la red pueden alterar la dirección de un juego antes de que el rival encuentre tiempo para ordenar el punto.

 

La experiencia también tuvo una lectura física. Jódar rechazó que existiera una lesión detrás de la bajada de velocidad de su saque a medida que avanzaba el partido. No había ninguna molestia concreta. Sí, como es natural, el desgaste acumulado de los últimos días y de un torneo que le había exigido adaptarse muy rápido.

 

“No hay ningún problema físico”, aclaró. “Es un poco consecuencia de estos últimos partidos, pero por esa parte estoy bien”.

 

Para Jódar, esa adaptación era uno de los grandes retos de la semana. Wimbledon fue su primer torneo profesional sobre hierba y llegó sin el rodaje preparatorio que habría deseado. La transición desde la tierra apenas deja tiempo. Un jugador pasa de construir puntos con margen, altura y paciencia a tener que proteger el servicio, reaccionar a un bote bajo y tomar decisiones antes de lo habitual.

 

“Sabía que era mi primer torneo en hierba como profesional”, afirmó. “He notado diferencias. Es un juego distinto. La bola va más rápida y el saque y el resto son súper importantes. Hay que estar muy atento durante todos los puntos y todos los juegos, porque en cuanto te hacen un break es bastante complicado darle la vuelta, sobre todo en rondas avanzadas, donde todos juegan bien”.

 

No hay excusas en esa lectura. Jódar reconoció que no pudo competir en ningún torneo previo sobre césped, pero no quiso utilizar esa circunstancia para explicar la derrota ante Mochizuki. El balance que extrae es más útil: tres partidos, tres oportunidades para entender mejor una superficie y una referencia para preparar el próximo verano.

 

“No lo veo como una excusa para que haya pasado lo de hoy”, dijo. “He jugado tres partidos, he aprendido mucho y ya el año que viene, si puedo estar aquí, intentaré hacer un torneo preparatorio antes de venir”.

 

La frase tiene valor porque sitúa Wimbledon dentro de un proceso más largo. Jódar no necesita convertir esta tercera ronda en un techo ni en un resultado que deba reproducir inmediatamente. Ha conocido el torneo, ha ganado sus primeros partidos profesionales sobre hierba y ha comprobado que puede competir en encuentros largos, con cambios de condiciones y contra rivales de perfiles muy distintos.

 

Ahora toca bajar revoluciones.

“Ahora seguramente vuelva a Madrid para tener unos días de recuperación y seguir entrenando ahí en casa”, explicó. “A partir de ahí, analizar un poco qué torneos interesa jugar y a cuáles puedo llegar preparado”.

 

Wimbledon termina con una derrota, pero no con una sensación de retroceso. Jódar descubrió que la hierba le exige una atención distinta, que los partidos pueden girar con rapidez y que un rival como Mochizuki puede convertir la variedad en una herramienta difícil de neutralizar. También confirmó algo que ya había aparecido en París: no se esconde cuando el partido se complica.

 

Esta vez no alcanzó.

Pero dentro de unos días, con el marcador más lejos y el vídeo delante, tendrá algo mucho más valioso que una explicación inmediata: una lista concreta de cosas que mejorar.

 


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